El profeta Habacuc nos deja ver un lado muy humano: un corazón confundido ante la injusticia y el aparente silencio de Dios. Vivía tiempos difíciles, llenos de violencia, corrupción y maldad. Y al mirar a su alrededor, no entendía por qué parecía que Dios no hacía nada.
Su fe parecia perturbada, su frustración era muy alta, pero en su clamor nos demuestra que no había dejado de creer, simplemente no comprendía y a causa de la injusticia y la maldad que lo indignaban como ciudadano del pueblo y reino de Dios le clama diciendo: «¿Hasta cuando oh Jehová?».
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