Seguir a Cristo | El Costo del Discipulado Cristiano | Vida Abundante Iglesia Cristiana

Los Costos del Discipulado Cristiano

Estimados hermanos ya vamos en la lectura de la semana 8 del libro de John Piper, “Lo que demanda Cristo de mi”.

Espero que estés siguiendo esta lectura que nos llevará todo el año. Son 50 semanas y te aseguro que será de gran bendición, el libro lo puedes conseguir en la librería de la Iglesia. Así que; continuemos.

Como puedes ver Cristo nos pide que lo sigamos. Tú sabes que Jesucristo era un maestro itinerante, de tal manera que cada vez que nosotros leemos en la escritura expresiones tales como, ¡sígueme!, significa sin lugar a dudas no solo seguirlo físicamente, sino en sus enseñanzas lo que a su vez representa en un sentido más amplio, involucrarse en el discipulado cristiano.

En efecto, seguir a Jesús, como lo estudiamos en la lectura de la lección del libro, significa dejar atrás relaciones, posesiones y vocación, y aún agregaríamos muchas otras cosas más. Por lo que el discipulado involucra un compromiso sin reservas en el cual usted no se puede detener, pues si usted está siguiendo a Jesús en algunas áreas de su vida (profesión, recursos, posesiones etc.) pero en otras no, como por ejemplo, no ha entregado usted a su familia a Cristo, sea padres, esposa, hijos etc., déjeme decirle que usted está teniendo graves inconvenientes para seguir a Jesús y esto significará que usted seguirá a Jesús cada vez más de lejos y así progresivamente a tal punto que usted llegue a no alcanzar a distinguir la imagen de Cristo y no sepa distinguir que es lo que quiere de usted su maestro y Señor.

Y esto es así porque Dios nos demanda que lo sigamos estando dispuestos a pagar cualquier costo. Leemos lo siguiente:

«Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.» – Mateo 19:16-23

De dicho texto podemos inferir cuales son esos obstáculos que el “joven rico” (como se le conoce), enfrentó para ser discípulo de Cristo. Veamos algunos de ellos que servirán para que usted, querido hermano, aprenda a detectar si en su vida existe algún impedimento que este afectando su discipulado.

PRIMERO. Usted debe saber que seguir a Jesucristo involucra su obediencia absoluta (vv. 16-17).

Quien busca a Jesús y, en especial, quien quiere disfrutar de la vida eterna, debe saber que una vez que recibe a Jesús como su Señor, debe estar dispuesto a obedecer sus mandamientos. Pues si bien la salvación no es por obras, debe saber que Jesús nos salva para buenas obras.

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» – Efesios 2:8-10

SEGUNDO. Debe saber que el que quiere involucrarse en el reino de los cielos, reconocerá que es incapaz de hacerlo por su propia justicia. (vv. 18-20).

Nadie es justo, ni aún uno, como dice Romanos 3:10. Nadie puede obtener la vida eterna como resultado de sus obras. Antes más bien el que quiera recibir a Jesucristo como Señor tiene que reconocerse incapaz de entrar al Reino de Dios, como no sea por el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Nadie es tan bueno como para merecerlo.

Además, el concepto que el hombre tiene de ser bueno, no es el que tiene Dios. Resulta pretencioso, pretender distinguir entre lo bueno y lo malo cuando no conocemos a Jesús, y más cuando pensamos que hemos cumplido con todo lo que nos demanda el Señor. No reconocerse pecador, es un grave obstáculo.

TERCERO. Ser discípulo de Cristo implica dejar todo (vv. 21-23).

Significa que todo aquello que nos impida seguir a Cristo debemos estar dispuestos a dejarlo. Si dejar una cosa por Cristo nos produce tristeza, eso quiere decir que en nuestro corazón esta muy arraigado, y que nuestra prioridad no es nuestro Señor. Dejar todo debe entenderse como estar dispuesto a poner en primer lugar de nuestra vida a Jesucristo, dejar todo quiere decir que si tenemos poco o mucho, eso no sea impedimento para seguir a Jesús.

Solo Jesús debe ser nuestro Señor, no nuestras posesiones, o padres, o hijos o esposa. Todo eso serán bendiciones que nos dará el Señor.

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