Otro Peligro del Enojo | Reflexión Pastoral | Vida Abundante Iglesia Cristiana

Otro peligro del Enojo

La semana pasada tratamos el peligro del enojo injustificado. Porque recordemos que no todo enojo es pecado. Pues la injusticia, el abuso, o el pecado mismo pueden ser motivo de la ira. Dios mismo nos muestra en su Palabra la idea de la ira cuando dice, «Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo.» (Hebreos 10:31).

Y agrega

«Cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,» – Colosenses 3:6.

Porque Dios es un Dios Justo.

Pero la ira injustificada o la ira que provoca el descontrol y que da lugar al control de Satanás, esa no agrada a Dios.

A partir de esa premisa, la ira o enojo puede mostrar algo Verdaderamente inaudito. Puede mostrar que tal persona ni siquiera es salva y que por tanto no ha sido transformada, y no ha entendido el regalo de la salvación que está basado en la gracia que se traduce en el perdón de pecados, no por méritos propios, sino por el sacrificio de Jesucristo, que murió pagando por todos los pecados de todos nosotros, ganando para nosotros el perdón de Dios.

Así las cosas, el perdón es el sello que muestra la evidencia de nuestra salvación, del agradecimiento por el regalo inmerecido que recibimos.

Por eso, Jesucristo cuando enseño cómo deben orar sus discípulos, los hijos de Dios, incluyo en esa oración que encontramos:

«Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.» – Mateo 6: 9-13.

El contenido del v.12 que dice, «Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.» Y agrega en los vv.14 y 15 lo siguiente, «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.«

Es importante entender el significado de los vv.12, 14 y 15, porque pareciera dar a entender que nos podemos ganar el perdón de Dios, o que podemos usar estrategias para merecerlo.

El v.12 basa el perdón en que la persona que es salva, que es hijo de Dios, que se incluye en ese “vosotros”, deben orar como enseña Jesucristo, esos se da por sentado que son discípulos de Cristo, que son creyentes, por lo cual perdonan, así como Dios los perdonó. El perdón que otorgan está basado en el perdón que nosotros inmerecidamente recibimos y que no otorgamos el perdón porque otros lo merezcan, sino porque reproducimos el ejemplo de Cristo.

Por su parte los v.14 y 15 que parecen estrictamente condicionales en la ecuación, de que si tú perdonas, Dios te perdona v.14. Y si no perdonas, Dios no te perdona, v.15. Y en efecto son condicionales, pero porque el creyente sin lugar a dudas perdona y si no lo hace pone en duda que efectivamente haya experimentado el nuevo nacimiento derivado del perdón de Dios.

Pero también se pueden aplicar a los creyentes estos dos versículos, cuando Dios nos dice que no nos acerquemos al trono de la gracia, si es que traemos algo pendiente contra algún hermano, porque nuestra ofrenda no será recibida, si antes no resolvemos ese pendiente, que requiere de perdón.

«Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel.» – Mateo 5:23-25

El enojo injustificado, nos impide ver con claridad la misericordia de Dios, nos impide apreciar la salvación por gracia, nos impide liberarnos de pensamientos insanos, y lo más importante impide la comunión con Dios.


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