Los obstáculos para obedecer a Dios | Vida Abundante Iglesia Cristiana

Los obstáculos para obedecer a Dios

Si usted nos está acompañando en esta lectura de 50 semanas, es decir todo el año, lo felicito, porque estoy seguro que estará recibiendo muchas bendiciones por la revelación de verdades bíblicas a través del hermano John Piper que escribió el libro “Lo que Jesús exige del mundo”.

Si no lo esta haciendo lo reto a que e incorpore, a que consiga su libro y enfrente este desafío que afectará su vida positivamente.

El tema que ahora nos ocupa es el que lleva por título en el capitulo 3 del libro “Venid a mí”.

Sabemos que Dios es el que nos llama:

«Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare» – Hechos 2:39

Y que Dios nos llama conforme a su propósito:

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» – Romanos 8:28

Y que además de que nos llama, Él nos atrae con cuerdas de amor:

«Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida» – Oseas 11:4

¿Por qué tendría Dios que atraernos a Él, si él ya nos ha llamado? ¿Qué acaso no podemos responder?

El hombre por naturaleza no busca a Dios (Romanos 3:11). «No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios». El hombre por su naturaleza pecaminosa va en sentido contrario a donde se encuentra Dios.

La Escritura enseña que esa naturaleza nos impide tener el deseo de querer venir a Dios.

En Juan 5:39-40:

«Escudriñad las escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida».

Leemos que Dios dice que no queremos venir a Cristo, no que no podamos venir a Cristo. Requerimos que la palabra de Dios nos limpie de ese pecado y nos disponga a entender su revelación por eso nos conmina a escudriñar las escrituras, porque ellas son las únicas que nos pueden llevar a Cristo.

El hombre natural se encuentra atado al mundo; el mundo armoniza bien con su naturaleza, porque la satisfice, satisfice sus deseos carnales, sus concupiscencias.

El hombre por naturaleza es atraído por el mundo, se encuentra atrapado, necesita reconocer esa naturaleza pecaminosa que le impide venir a Cristo y eso solo puede ser a través de la palabra de Dios.

La palabra de Dios es como un espejo que nos muestra como somos realmente:

«Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.» – Santiago 1:22-25

El hombre tiene que mirarse en la palabra, en la Ley, en el Espejo y entender que necesita venir a Cristo.

Únicamente a través de Cristo, se puede venir a Cristo a Dios mismo. En Juan 14:6 Jesús le dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí». Observa que Jesucristo nos muestra que nadie puede venir a Dios, sino a través de Cristo. No dice que nadie va al Padre, sino dice: y nadie viene al Padre, sino por mí. Porque Él mismo es el Padre.

El hombre debe percatarse que va en sentido contrario a Dios. El ejemplo de las 2 puestas nos muestra claramente que la responsabilidad del hombre es volverse de su camino (arrepentirse como lo vimos en el capitulo anterior); por eso la idea que se nos muestra frecuentemente como que las 2 puertas están frente a nosotros no es correcta. La idea es que para poder entrar por la puerta estrecha, tenemos que dar vuelta para ir hacia ella, la de la salvación y ello requiere el arrepentimiento. Porque las puertas no están una al lado de la otra sino en extremos opuestos:

«Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.» – Mateo 7:13-14

Solo el hombre que reconoce que va por el camino de perdición, se pone en disposición de atender el llamado de Dios y entonces Dios lo atrae, lo guía, en resumen lo trae a sí mismo a Jesucristo. Juan 6:44:

«Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.»

Solo así se puede extender ese mandamiento de «venir a mí», pues de lo contrario socavamos la salvación por gracia y nos apropiamos un mérito espurio.

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