La Obediencia y la Religión | Reflexión Pastoral | Vida Abundante Iglesia Cristiana

La Obediencia y la Religión

LA OBEDIENCIA Y LA RELIGIÓN

A veces en el medio evangélico rechazamos el vocablo religión, sin detenernos a analizar el concepto de lo que eso significa.

El argumento parece suficiente cuando afirmamos que Jesucristo busca establecer una “relación” en lugar de una “religión”.

Sin embargo, no debemos ignorar que las Escrituras nos pretenden dar una PERSPECTIVA más que un CONCEPTO.

Leamos el siguiente pasaje:

«Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. 27 La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.» – Santiago 1:26-27

Por principio de cuentas tenemos que distinguir entre religión y religiosidad. Y para ello tenemos que buscar qué es lo que en realidad quiere Dios de los creyentes. Ya en una reflexión previa apuntábamos que, «la justicia del hombre es lo que hace», y justamente lo que Dios pretende es que lo que haga el cristiano provenga del corazón, de lo interno, que lo externó este sujeto o provenga de lo interno.

Esta cuestión queda perfectamente evidenciada cuando leemos:

«Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.» – 1 Pedro 3:3-4

La conducta obediente, que es a lo que se refiere el contexto de este pasaje, no está basada en el resultado, que desde luego es importante, sino que está basada en el origen de la conducta.

Cuando Jesucristo refiriéndose a los escribas y fariseos les recordó el sentido y no sólo la letra de los mandamientos, hizo énfasis en la raíz de dónde provenía su cumplimiento:

«Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.  Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. […]  Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.» – Mateo 5:21-22, 27-28

Es decir, cuando se exalta el aspecto externo de la conducta sin importar lo interno, entonces caemos en la religiosidad, y se convierte en apariencia, el corazón juega un papel importante en lo que hacemos.

En el texto de Santiago 1:26-27, antes transcrito observamos, el contraste entre el hombre que se engaña con su conducta o falsa obediencia y aquel cuya conducta es resultado del interior de su ser.

El v.26, hace énfasis en aquél que se cree religioso, (gr. threskeia – religiosisdad), cuya característica es «hacer sin considerar su interior», a tal punto que no controla su lengua y deja salir sin control lo que tiene en su corazón, la religión de tal es vacía, hueca, no tiene alma, espíritu, contenido interior.

En cambio, el que cuida su interior (su pureza interior), y lleva a cabo obras (justicias) propias de la religión, su motivación es agradar a Dios, es el amor a Dios, no hacer por hacer, no de apariencia.

La palabra religión siempre que se usa en las Escrituras, se refiere al aspecto externo, por eso es importante limpiar el interior cuando nos disponemos a enfrentar la obra personal, eclesiástica y aún social, para que no sea simple obediencia religiosa o religiosidad.

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.» – Mateo 23:25-26


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