El Significado de la Generosidad | Dar a los demás | Reflexión Pastoral | Vida Abundante Iglesia Cristiana

El significado de la generosidad

En un mundo plagado de materialismo, la generosidad se centra en los recursos con que cuenta cada persona, de tal manera que en la medida que una persona tiene más, tendría la mayor capacidad de ser más generosa.

Tal afirmación no es del todo cierta y menos desde el punto de vista de nuestro Señor Jesucristo en particular y desde las Escrituras en general.

La idea que campea en la Biblia consiste en que la generosidad intrínsecamente hablando es en función del sacrificio que la persona hace y no tanto en el volumen de los recursos, que comprende ese acto de “generosidad”. La razón es obvia, podemos dar no solo mucho, sino muchísimo, pero de lo que nos sobra, de lo que no nos es indispensable. Y podemos dar poco en sentido extrínseco, es decir en lo que se ve, pero puede ser incluso eso que damos nuestro sustento esencial y entonces será intrínsecamente mucho.

En la Biblia tenemos un ejemplo claro de esto, en lo que se conoce como el ejemplo de las Iglesias de Macedonia.

«Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia.» – 2 Corintios 8:1-7

Leemos en el v. 2, acerca de la generosidad de las Iglesias de Macedonia, cuyo contexto era gran persecución y profunda pobreza.

Ponga atención en los significativos grande, prueba de tribulación y profunda pobreza.

No era una simple pobreza y persecución, sin embargo, se dice que abundaron, (otra vez el adjetivo), en riqueza de generosidad y además todo ello en medio de abundante gozo.

El v. 3 agrega que dieron mas allá de sus fuerzas, es decir por encima de sus posibilidades. Me atrevería a decir que esa es la verdadera generosidad, la que proviene del sacrificio.

Cuando eso ocurre, es entendible la petición de esas Iglesias que consideraron un privilegio y no una obligación o responsabilidad, o ni siguiera buscaron el reconocimiento de Dios (que por supuesto no lo escatima), el dar para los necesitados.

Pero todavía hay un punto adicional en el que tenemos que detenernos para apreciar la verdadera generosidad de las Iglesias de Macedonia.

Vea con cuidado el v. 5, la generosidad los llevo a tal punto que en la ofrenda que entregaron iba su mismo ser, su corazón, pues dice que se entregaron por la voluntad de Dios.

No fue solo desprenderse de los recursos que ya era bastante, pues tenían poco, sino que se entregaron ellos mismos. Eso solo es posible si la persona se ha entregado primeramente al Señor, es decir ha creído en Jesucristo, porque solo entonces es entendible que pudieran hacer la voluntad de Dios.

Complementan la generosidad, la abundancia en la fe, la Palabra, el conocimiento, en la solicitud y finalmente en el amor, todo ello como resultado de la gracia, v. 7. Contrasta esta actitud con aquella que tuvieron Ananías y Safira que vemos registrada en Hechos 5:1-11, en donde se aprecia la ofrenda cubierta de una generosidad espuria, al dar el 50% del valor de una propiedad, quedándose con el otro 50%, todo ello como resultado de una falsa fe, y ausencia de amor. El trágico final nos dice que la generosidad no depende de lo que das (lo que se ve externamente), sino de lo que proviene del corazón (visto interiormente).

En 2 Corintios 9, notamos algunas reglas para el que aspira a dar, sin siquiera esperar el calificativo de generoso.

El v. 7, nos dice que, si nos proponemos a dar, debe ser:

  1. De corazón, 2. No con tristeza, 3. No por necesidad, y 4. Sino con alegría.

El resultado, la Gracia de Dios manifestada a los hombres para que le reconozcan y se conviertan.



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