La Apostasía | Reflexión Pastoral | Vida Abundante Iglesia Cristiana

La Apostasía

Hemos venido escribiendo acerca del esfuerzo por entrar por la puerta estrecha o más bien de mantenernos firmes en esa salvación a la que hemos sido llamados.

Pues bien, lo que caracteriza a aquel que está seguro de que la vida eterna no sólo es una promesa futura, sino una realidad presente, es que vive la vida con gozo, y ese tipo de vida no resulta una carga difícil de llevar, sino todo lo contrario un gozo por lo que ha de recibir.

Pues no se trata de una religión en donde a base de esfuerzo tras esfuerzo vamos viviendo, sino de gloria en gloria somos transformados:

«Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.» – 2 Corintios 3:18

A eso se debe que se presente la apostasía, cuando vemos:

«Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4 el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.» – 2 Tesalonicenses 2:3-4.

Notamos que la advertencia se da en medio de ciertos factores que ponen a prueba nuestra fe, firmeza y convicción.

Entre esos factores negativos encontramos por una parte el engaño que promueven los falsos profetas. Así mismo, como lo vimos en la reflexión pasada, que se presentará en medio de la suplantación que llevarán a cabo los falsos cristos.

Y justamente este escenario se cumple en los términos descritos en la Palabra de Dios cuando leemos:

«Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.» – Hebreos 6:4-6

En este texto se nos muestra que la apostasía se da en medio de la Iglesia local o visible, en dónde lo mismo encontramos trigo y cizaña.

Los apóstatas comparten ciertas cosas, como son:

Los apóstatas reciben la bendición de ser iluminados.

Reciben la bendición de ser iluminados por el Espíritu Santo, de que en Cristo hay salvación. Sin embargo, no entregan sus vidas al Señor.

Un apostata no experimenta la regeneración.

Gustaron de ese don, tal vez se alegraron, al ser hechos partícipes de la revelación del Espíritu Santo respecto del pecado, de la justicia y del juicio. Pero no experimentaron la regeneración que caracteriza a toda nueva criatura.

Sólo fue mero conocimiento

No dudes que se regocijaron por alguna buena enseñanza o predicación, pero todo se quedó en el mero conocimiento y la expectación, pero no la expectativa de la esperanza de vivir eternamente.

No hubo un verdadero arrepentimiento

No hubo un verdadero arrepentimiento, se volvieron al cieno, su naturaleza no cambio, tenían que dejar de ser lo que eran:

«Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.» – 2 Pedro 2:20-22

Por eso es que el gozo de vivir para Cristo es una característica fundamental del creyente, no la apariencia. El autor del Libro de los Hebreos lo describe de manera alentadora.

«Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.» – Hebreos 12:1-2

Nos gozamos porque viviremos la vida eterna, que ya disfrutamos desde ahora, y permítaseme la ilustración toda proporción guardada. Como aquel que va camino a la concesionaria de automóviles a recibir su carro nuevo porque ese día se lo entregan porque ya fue pagado. Recibir su carro nuevo es el final de su recorrido, pero antes de llegar, en su camino pasa varios inconvenientes, esperar a que pase el transporte público, y todos los inconvenientes de subirse al camión, como son las aglomeraciones, etc., pero en su rostro a pesar de esos inconvenientes aparece el gozo de aquel que sabe que esto es temporal y leve porque algo mejor le espera.

«Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;» – 2 Corintios 4:16-17

Esforcémonos en la gracia que es en Cristo Jesús para perseverar.

Nota: Para confirmar que el contexto de engaño y la aparición de hombre perverso forma parte de la apostasía observa el siguiente pasaje:

«Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad.» – 1 Timoteo 4:1-3


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