La Responsabilidad de la Gran Comisión | Vida Abundante Iglesia Cristiana

La Responsabilidad de la Gran Comisión

En el mundo cristiano, la gran mayoría de los creyentes saben que Dios dejó una gran responsabilidad a los discípulos para que compartan el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo que se conoce como “La Gran Comisión”:

«Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.» – Mateo 28:19-20

Ahora que en la iglesia estamos trabajando en el ministerio de evangelismo conviene poner atención en el texto citado anteriormente de Mateo 28 para percatarnos de lo total, completo, universal e imperativo que es este mandamiento.

Id y haced discípulos ¿a dónde? a todas las naciones; enseñándoles que guarden todas las cosas y yo estoy con ustedes todos los días.

¿Para quién es este mandato? para todos. Por eso hoy reflexionamos en Ezequiel 3

Leer: Ezequiel 3:17-18

Observa lo que dice. Lo primero que encontramos es que Dios dice que nos ha puesto por atalaya.

Atalaya | La Responsabilidad de la Gran Comisión | Vida Abundante Iglesia Cristiana

Como tú sabes la atalaya era una torre que se construía para que el vigía se colocara ahí para advertir al pueblo o ciudad de la presencia del enemigo, de ahí vino a ser como sinónimo de torre de vigía.

Enseguida dice que nos ha puesto como vigías a la casa de Israel para advertir, para amonestar de parte de Dios (v.17). Nosotros no amonestamos de nuestra parte, sino que Dios nos ha elegido para ser usados como advertencia.

Cuando Dios ha dicho que el impío morirá, nuestra responsabilidad es advertirle que esta en peligro de muerte, para que se arrepienta, pero si nosotros no le hablamos de ese peligro que corre, Dios dice que demandará la sangre de esa persona de nuestra mano (v.18), porque Dios lo puso a nuestro alcance para que le hablemos, y de nosotros depende (de nuestra mano) el advertirle.

¡Tremenda responsabilidad! ¿no te parece?, pero lo cierto es que estamos hablando de la vida eterna de las personas, que puedan ser conocidos, amigos o incluso familiares tan cercanos como tu esposa o esposo, hijos o padres.

Si nosotros amonestamos al inconverso y él no se convirtiere, ya no es asunto nuestro, pues aunque él muera, nosotros habremos librado nuestra alma.

Ahora quiero llamar tu atención en esto, porque nosotros tenemos la responsabilidad de compartir el evangelio, pero NO para librar nuestra alma de la sangre de aquellos a los que les compartimos, sino porque es un mandato y comisión que nos dio el Señor considerándonos dignos de ser sus embajadores y por ser obedientes a él, pero sobre todo porque somos un canal de amor y bendiciones para los demás.

Porque de no ser así, sería tanto como cuando nosotros queremos que nuestros hijos o esposa o esposo se conviertan para no ser avergonzados. Debemos compartirles porque los amamos con ese amor ágape, incondicional con el que Dios nos amó.

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