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El Agradecimiento del Creyente

Un auténtico creyente es aquel que ha comprendido plenamente la benignidad de Dios, y no solo lo lleva a una vida contemplativa y de meditación (que no está descartada), sino que lo conduce a un agradecimiento tal que su vida se consagra a Dios ante la mirada de los demás creyentes y no creyentes, evidenciando una vida trasformada.

«Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.» – 2 Corintios 3:18

Esas evidencias a que nos referimos las contiene el Salmo 116 de la siguiente manera.

En primer lugar, el creyente ama a Dios, porque está convencido de que él es importante para Dios, pues oye sus suplicas y oraciones: «Amo a Jehová, pues ha oído, mi voz y mis súplicas. Porque ha inclinado a mí su oído; Por tanto, le invocaré en todos mis días» (vv. 1-2).

En segundo lugar, el creyente vive seguro de su salvación, porque sabe que Dios lo escuchó cuando estaba perdido y andaba en delitos y pecados que a lo único que lo conducen es a la muerte; fue entonces cuando clamo a Dios para que su alma fuera librada:  «Me rodearon ligaduras de muerte, Me encontraron las angustias del Seol; Angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: Oh Jehová, libra ahora mi alma.» (vv. 3-4).

En tercer lugar, el creyente se muestra sereno pues depende de Dios en toda su vida, está seguro de que Dios es clemente y misericordioso, que lo guarda, aun cuando se vea en situaciones difíciles, no obstante siempre esta buscando el reposo de Dios: «Clemente es Jehová, y justo; Sí, misericordioso es nuestro Dios. Jehová guarda a los sencillos; Estaba yo postrado, y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, Porque Jehová te ha hecho bien.» (vv. 5-7).

En cuarto lugar, manifiesta su fe en confianza ante los hombres sabiendo sin lugar a dudas que el que lo sostiene para no caer es Dios; no duda de que esta bajo el control de Dios todo lo que le acontece en esta tierra. Declara su fe mostrando que ha creído en Dios, y que eso le lleva a dar testimonio de su Señor aún en momentos de aflicción «Pues tú has librado mi alma de la muerte, Mis ojos de lágrimas, Y mis pies de resbalar. Andaré delante de Jehová. En la tierra de los vivientes. Creí; por tanto hablé, Estando afligido en gran manera. Y dije en mi apresuramiento: Todo hombre es mentiroso.» (vv. 8-11).

En quinto lugar, vive agradecido, porque está consiente de que lo que ha recibido de Dios, es un regalo inmerecido y grandioso, el cual no podría retribuir y que el haber aceptado la gracia de la salvación, produce en el un sincero deseo de clamar el nombre de su salvador y en consecuencia de declararlo públicamente. «¿Qué pagaré a Jehová . ¿Por todos sus beneficios para conmigo? 13Tomaré la copa de la salvación, E invocaré el nombre de Jehová.» (vv.12-13).

En sexto lugar, vive consagrado a Dios, sabe que Él lo rescató, y que lo compró y que no hay nada con que pagarle; que si hace promesas a Dios debe cumplirlas, pues se declara abiertamente siervo de Dios y todos los creyentes lo saben, pues su gratitud proviene de todo lo que Él ha hecho con los suyos, a tal grado que aún la muerte de sus santos es de grande estima para Dios, pues valora que sus siervos pongan su vida por su Señor: «Ahora pagaré mis votos a Jehová Delante de todo su pueblo. Estimada es a los ojos de Jehová. La muerte de sus santos. Oh Jehová, ciertamente yo soy tu siervo, Siervo tuyo soy, hijo de tu sierva; Tú has roto mis prisiones.» (vv.14-16).

«Pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición […] Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.» – 1 Tesalonicenses 2:2, 8

El séptimo y último lugar, el creyente vive rindiendo adoración a Dios. Una de las evidencias más claras del agradecimiento de los hijos de Dios, es cuando le rinde alabanza y adoración a su nombre, ofreciendo sacrificios e invocando su nombre, entregándose a Él sin reserva delante del pueblo de Dios, en su congregación, en su casa, en su presencia: «Te ofreceré sacrificio de alabanza, E invocaré el nombre
de Jehová. A Jehová pagaré ahora mis votos Delante de todo su pueblo, En los atrios de la casa de Jehová, En medio de ti, oh Jerusalén. Aleluya.» (vv. 17-19).

La alabanza a Dios, es honrar su nombre, darle la gloria que merece, es servirle porque es nuestro Señor, las Escrituras llegan a usar el término servir como forma de adoración, porque esta escrito que todos deben adorarle porque Él es el Rey de Reyes y Señor de Señores.

Apocalipsis 19:1-10

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